Las claves del cine de Alfred Hitchcock

Las claves del cine de Alfred Hitchcock

Exploraramos la vida y obra uno de los grandes del cine. Es el turno de que él sea nuestro objeto de vouyerismo

Por: Agustín Gendron/ Cortesía revista Cinemanía | Fecha: 31/01/13

 

 

Cuando el apellido de un artista se transforma en un adjetivo de uso común, capaz de definir no solo su propio trabajo, sino cualquier cosa con determinadas características, significa que su obra ha alcanzado un nivel de trascendencia más allá de modas y tendencias temporales. En el caso que nos ocupa, si algo es 'hitchcockiano', es que está lleno de suspenso e incertidumbre, y se aplica lo mismo a una votación cerrada en la Cámara de Diputados que a los últimos diez minutos de un partido de futbol.

 

Cualquiera pensaría que la persona inspiradora de tan rotundo término sería un aventurero de vida novelesca, versado en toda suerte de peripecias, salvando la vida justo en el último instante. Sin embargo, el cineasta cuyo nombre será por siempre sinónimo de intriga y misterio era conocido precisamente por llevar una existencia cuyo mayor sobresalto era elegir el menú en un restaurante. Cuando llegaba a sus manos un nuevo proyecto, salía de la aburguesada comodidad de su casa, se dirigía a los estudios, y entonces ese rechoncho e impecablemente vestido ciudadano se convertía en el más hábil manipulador de las emociones del público que haya existido en la historia del cine.

 

Sean entonces bienvenidos al paradójico y fascinante universo de Sir Alfred Hitchcock, nacido en el East End londinense en 1899, al final de la era victoriana, hijo menor de un comerciante de abarrotes y una devota ama de casa de ascendencia irlandesa.

 

Educado por jesuitas, siempre fue un ávido lector, admirador de Oscar Wilde y G.K. Chesterton. Estudió ingeniería y se convirtió en dibujante industrial. En 1920 obtuvo su primer trabajo en el cine, como diseñador e ilustrador de los paneles donde aparecían los títulos de las películas y los créditos, así como de los escenarios.

 

En 1923, un director cayó súbitamente enfermo. Hitchcock lo sustituyó y terminó la cinta, y a partir de allí inició su labor como realizador. Filmó cerca de 25 largometrajes en Inglaterra, con variada fortuna -entre ellos los muy estimables El hombre que sabía demasiado (primera versión, de 1934) y Los 39 escalones (1935)-, hasta que en 1940, David O.   Selznick, productor estadounidense, lo llevó a Holly-wood para dirigir Rebeca, con Laurence Olivier y Joan Fontaine. El gran éxito del filme, ganador del único Oscar a mejor película en la carrera de Hitchcock, cimentó la reputación del director, aunque la verdadera fama llegaría tres años más tarde con La sombra de una duda.

 

¿Cómo lograba Hitchcock poner a la gente al borde de la butaca? En primer lugar, mediante su absoluto dominio de la técnica fílmica. A fin de crear el suspenso tan esencial para la trama de sus cintas, alternaba diferentes tomas para así extender el tiempo real y crear un 'tiempo artificial', absolutamente cinematográfico; el ejemplo más representativo de esto es la célebre, estudiadísima e imitadísima secuencia del asesinato en la ducha de Psicosis (1960).