Libros: Palabra de david byrne

Libros: Palabra de david byrne

El ex líder de Talking Heads habla sobre su nuevo libro, How Music Works, donde reflexiona sobre la música en diferentes contextos.

Por: Benjamín Acosta | Fecha: 30/01/13

 

Después de liderar a Talking Heads -una de las bandas más experimentales del post-punk-, el artista de origen escocés David Byrne canalizó su creatividad de manera simultánea entre su carrera en solitario y la literatura.

 

Como escritor, Byrne ha resultado ser no menos ingenioso. Con la misma convicción de no convertirse en un best-seller, debutó con True Stories (1986), en el que expande las letras de sus canciones a una serie de relatos protagonizados por personajes retorcidos en situaciones no menos delirantes. Además de la ficción, a este célebre newyorker de cabellera plateada le interesa reflexionar sobre el tambaleante convivio social (Your Action World: Winners Are Losers with a New Attitude, 1990), así como evidenciar su apetito por transportarse sobre dos ruedas (Bicycle Diaries, 2009).

 

Para seguir con su contundente bibliografía, Byrne publica su noveno trabajo, How Music Works, en el que vierte su interés por los sonidos, la forma en que escuchamos y se diseña la música. Se trata de un análisis en el que este cantante y guitarrista recorre la historia y las maneras en que este arte llega a nuestros sentidos.

 

ESQUIRE: El libro es un análisis sobre la música en diferentes contextos. ¿Cómo llegaste a este punto?

DAVID BYRNE: Al profundizar en el tema, te das cuenta de que todos los aspectos son importantes en la creación musical y la forma como la escuchamos. No importa que no seas músico ni un melómano experto. Lo que ofrece el libro será interesante para toda persona que tenga un gusto por la música. Es algo que se aprende y se ejercita todos los días, la clave es saber escuchar.

 

ESQ: ¿Hay una conexión directa entre la composición, la grabación y los conciertos?

DB: Así es. La música siempre ha funcionado de esa forma. Y es como notar que los sonidos en sí corresponden a un panorama especial. El piar de las aves es especial cuando se da en el contexto que corresponde, como puede ser el bosque o la playa. Lo mismo pasa con la ciudad y sus ruidos característicos, o en un paisaje industrial. Lo que quiero decir es que cada cultura y cada género se ha desarrollado de acuerdo con sus condiciones. Escuchar punk en el [club] cbgb significó percibirlo en su propio hábitat. El punk se hizo de esa forma, tal como Mozart compuso para interpretar su obra más compleja en salones pequeños. Lo mismo sucede con una presentación de ópera en La Scala de Milán. El hip-hop, por ejemplo, es ideal para los autos y toda esa maquinaria de amplificación que les instalan. Eso sucede con todas las grabaciones que fueron hechas con un amplio rango de frecuencias: le da una espectacularidad que a muchos fascina.

 

ESQ: ¿Interviene tanto el espacio donde es compuesta como donde es interpretada?

DB: Un ejemplo contemporáneo muy claro es la música africana que se comparte en las aldeas o simplemente en lugares abiertos. Cada uno de los instrumentos, cada una de las voces se escuchan perfectas porque las piezas así fueron concebidas.

 

ESQ: ¿Qué ocurre cuando la escuchamos con audífonos o cuando asistimos a un concierto masivo?

DB: La mayoría de la música pop que se ha hecho en los últimos años, está pensada para sonar con efectividad en los reproductores de MP3. La tecnología para grabarla y distribuirla siempre hará que la escuchemos de manera distinta. Los estadios no son precisamente los mejores lugares para tocar música en vivo, por la ausencia de acústica. Pero tienen la virtud de ser espacios donde pueden glorificarse las canciones a tal grado de provocar el nacimiento de un himno. Hay artistas que nacieron para las multitudes. En cada caso, la música cumple con una función. Puede relajarte o prenderte, puede ponerte triste o eufórico. La catarsis que representa se transmite a quien la recibe. Hacer música es como construir una máquina cuya función es sacar las emociones en el ejecutante y en el oyente.

 

ESQ: La técnica en los estudios de grabación también ha permitido desde hace tiempo sentir como si el artista nos cantara al oído?

DB: Hay grabaciones de Astrud Gilberto o Frank Sinatra que fueron hechas con esa intención y lo consiguieron de manera fabulosa. Parece que te murmuran al oído. Lo que sucede ahora no es sólo la dirección o características de un micrófono, sino que intervienen más elementos de producción y generan una sensación de no dejar hueco, de llenar absolutamente todo.

 

ESQ: ¿Tiene una función social, artística o de entretenimiento?

DB: Puede tener todas a la vez o una en específico. Depende del artista y del tema. Sin apartarnos de la base de que la música es un negocio, tampoco podemos dejar a un lado que es una manifestación infinita. De ahí la riqueza y los objetivos que puede tener en toda su historia y alrededor del mundo.

 

ESQ:  Este libro ha sido editado en formato físico, electrónico y en audio. ¿Es parte de la misma reflexión?

DB: Sí, porque además de ser un signo de los tiempos, cada formato brinda una experiencia particular. En cualquiera de sus versiones, las referencias brindan la posibilidad de escuchar la música desde una perspectiva que, quizá, el lector/oyente no haya tenido antes. Entender cómo funciona lo que escuchamos nos permite sentirlo de manera distinta.