Libros: Guadalupe Nettel, historias del diván

Libros: Guadalupe Nettel, historias del diván

Guadalupe Nettel, una de las autoras mexicanas con mayor proyección internacional, habla sobre su obra y sus afectos literarios.

Por: Nadia Escalante | Fecha: 09/12/12

 

Guadalupe Nettel se describe, entre otros adjetivos, como una mujer impulsiva. De ahí el gusto por escribir cuentos desde su infancia. Sin embargo, la novela, el género que implica un compromiso de otra índole, más relacionado con la duración y la complejidad, no ha estado ausente de sus afanes. Es así que, junto con sus tres libros de cuentos -Juegos de artificio, Les jours fossiles y Pétalos y otras historias incómodas- y su novela El huésped, El cuerpo en que nací (Editorial Anagrama) se une al catálogo de sus publicaciones.

 

Más que una novela, su última entrega se trata de unas memorias, un ágil recorrido por la infancia y la historia de la autora donde los personajes son tan inmediatos y están dibujados de tal forma que la lectura avanza ágilmente. Aunque estos protagonistas se quedan en la memoria del lector, conforme pasa las páginas, cambia de escenario y padece también las reflexiones y dudas que va formando la voz que cuenta la historia.

 

La escritura de este libro, según Guadalupe, surgió de un encargo particular, pero se volvió tan necesaria y urgente que aplazó otros compromisos -y otra novela- para ceder al impulso que le exigía profundizar en esta obra que, a la fecha, ha recibido críticas favorables y muestra su evolución como escritora.

 

Después de leer El cuerpo en que nací queda claro que la razón por la que Guadalupe Nettel sigue escribiendo es la misma por la que se aventuró desde la infancia al oficio de las letras: la resistencia frente al mundo, y frente a uno mismo.

 

Esquire: Has publicado dos novelas a la fecha y tienes otra casi terminada, ¿qué te ha dejado esta experiencia de escritura?

Guadalupe Nettel: Cada novela que he escrito ha tenido una historia muy diferente. El cuerpo en que nací salió por un impulso casi irrefrenable, porque yo estaba a la mitad de otra cuando la empecé a escribir y ya no me pude parar. Cada novela tiene una historia, una génesis distinta de otras, y también llega un momento en el que uno toma una especie de ritmo o de costumbre, velocidad de crucero como le llaman. Me levantaba todos los días, ya sabía en qué punto me había quedado, qué iba a decir, hasta qué punto quería trabajar, y eso es muy agradable, algo rítmico.

 

Esq: ¿Por qué decidiste que El cuerpo en que nací estuviera narrado, aparentemente, a una psicoanalista?

GN: Tiene varias explicaciones: una es que, por un lado, el lector siempre te va a psicoanalizar, así publiques un libro de cuentos de ciencia ficción; por otro lado, como mi papá era psicoanalista y yo fui a terapia de chica, estaba presente el psicoanálisis; y también está la cuestión de que llega un punto en el que uno se detiene y quiere revisar su infancia. Eso te puede llevar a un diván o a escribir una mémoire. Esas razones tienen mucho más que ver quizá con mis necesidades que con las de la novela.

 

Esq: ¿Qué habrá que esperar cuando se publique esta tercera novela en la que ahora trabajas?

GN: Es la primera vez que dejo algo a la mitad para empezar con otra cosa y después continuar. El tema es una historia de amor, y como todas las historias de amor reales tiene varios puntos de vista: trato de poner el punto de vista de él, de ella, y las relaciones de donde ellos venían, que de alguna manera modifican siempre lo que uno va a vivir con otra persona.

 

Esq: Hablando de amor, cuéntanos qué autores han merecido en la actualidad tu afecto literario.

GN: Estoy enamorada de Philip Roth, me encantan ese tipo de autores que tienen una obra extensa que sientes que no se te va a acabar. También descubrí a autores maravillosos de memorias, entre ellos Michel Leiris, Natalia Ginzburg y Romain Gary. Murakami siempre ha sido uno de mis constantes afectos. Estoy muy contenta también con el descubrimiento de Coetzee, estoy leyendo Verano y me encantó.