Me comporté como Christian Grey durante una semana para encender las cosas con mi pareja

 
 

Esto fue lo que pasó cuando pretendí ser rico, un dios sexual y tener una mirada hipnotizante.

Por: Frank Kobola para Cosmopolitan US @Esquirelat

 

Christian Grey, el protagonista de Cincuenta sombras…, es descrito como varias veces como frío y distante. No solo en relación con el resto de personajes o con lo que pasa en la historia, sino como ser humano en general. ¿Es el suyo un comportamiento realista? Se le ha etiquetado de sociópata y psicópata, como ese tipo de personas a las que solo se les permite ser así porque es rico y misterioso. Aún así, muchos de los lectores y espectadores lo ven como una fantasía imposible. Incluso algunas y algunos parece que están enamorados de él, como la otra protagonista. ¿Funcionaría igual si ese porte entre melancólico y agresivo se bajara a niveles de la 'vida real'?

 

Voy a ser totalmente honesto: no tengo mucho dinero. De hecho, a veces no tengo dinero. Lo que significa que, al contrario que le pasa al amigo Grey, no hay una razón externa para soportar mis mierdas. No puedo lucir trajes de diseño, no vivo en departamentos de lujo ni tengo mi helicóptero personal para dar vueltas. Aún así, como esto es un experimento científico riguroso, he decidido adoptar todos sus comportamientos en mi día a día, sobre todo en la relación con mi mujer. Como gancho diré que muchas de mis acciones pasaron desapercibidas, o quizá mi mujer simplemente asumió que estaba un poco raro, pero hubo tres momentos concretos que levantaron mi semana como Christian Grey.

1 - La mirada intensa

Si Christian Grey (y/o el actor Jamie Dornan) tiene un arma infalible, esa es la mirada intensa, ese momento de entorno un poco los ojos para que veas cómo se aviva mi fuego interior. Aunque alcanza su clímax en la primera película (antes de que Ana vaya derrumbando sus muros emocionales), las miradas de Grey son tan penetrantes que parece que quiere agujerear físicamente la pantalla de cine. No parece tanto un rasgo de su personalidad como un comodín del que echa mano sin parar: si surge cualquier problema, él entra en modo mirada intensa hasta que la otra persona cede.

Personalmente, si veo a un tío haciendo eso en la vida real, no pensaría "guau, qué tipo más dominante", sino que me reiría pensando que ese idiota tiene serios problemas de comportamiento y el pobre se piensa que mirar así es intimidante. De hecho se lo diría a al cara. Vamos a comprobarlo.

Mi mujer me preguntó si iba a hacer yo la cena. No me apetecía, pero en vez de responderle con palabras como un ser vivo adulto, apreté la mandíbula y me quedé mirándola fijamente como un jodido malote. Ella me volvió a preguntar, como si no la hubiera oído la primera vez. Me gritó. Veinte segundos después, se había dado cuenta de que estaba pasando algo. Me mordí la lengua para no reírme y aguanté igual. "¡Qué diablos! Tengo hambre. No tengo tiempo para esto!", soltó ella.

¿Cómo demonios le funciona a Christian Grey? Lo cierto es que a mi mujer se le pasó rápido el calentón y acabó preparando algo para cenar los dos… Técnicamente, la estrategia fue un éxito, pero del mismo nivel que cuando un niño de tres años hace un berrinche en el supermercado hasta que le compran lo que quiere. Así que obtienes el resultado deseado pero pagas el precio de quedar como un auténtico patán. Da igual, ella hizo la cena en cuaquier caso, así que minipunto para Christian Grey.

Verdicto: A ella no le puso nada a tono, pero ninguno de los dos se fue con hambre a la cama.

2 - Dominar a través del dinero

Hay una escena en 'Cincuenta sombras más oscuras' en la que Ana necesita dinero para algo (no me acuerdo pero me niego a pasar el suplicio de verla de nuevo para buscarlo). Christian hace una llamada y le transfiere 25.000 dólares a su cuenta. Después Ana dona ese dinero como para marcar su poder, incitando a Christian a actuar como si fuera la primera vez en su vida que ve a una persona donando dinero.

Antes de proceder con el experimento, hay algo importante que recalcar para aquellos que no están casados: una vez que aceptas esa unión sagrada con otra persona, el dinero en general deja de ser "tu dinero". Está "nuestro dinero" y también está ese "dinero que uso en secreto para comprar una tarjeta gráfica y que rezo para que mi mujer no vea la factura". Las compras impulsivas ahora tienen que pasar el doble escrutinio de otro ser humano con sentimiento de culpa para quien comer ramen dos días por semana o comprar un televisor 4K quizá no sea vital.

Así que no hay posibilidad de que yo pueda transferir dinero a la cuenta de mi mujer, porque al final sería un movimiento más entre cuentas a las que los dos tenemos acceso. Necesitaba ir más allá para demostrar que el dinero es sexy. La oportunidad llegó un día que nos quedamos sin leche.

De nuevo, para ser claros, esto no va de la cantidad de dinero, sino de la acción que hay detrás. De camino a casa, paramos en una tienda a comprar la leche. Yo estaba cansado, así que no me di cuenta de que era mi oportunidad hasta que estábamos pasando por caja. Cuando mi mujer iba a sacar su tarjeta, yo grité de repente: "¡NO, YO LO PAGO!" y lancé un puñado de billetes arrugados y un chicle de clorofila sobre la cinta. El cajero me miró como si estuviera drogado. Mi mujer me miró como si estuviera drogado. Al final ella pagó la leche (como Ana en la película). Además me dejé el chicle en la cinta, así que se puede decir que perdí. Al menos la leche no estaba mal.

Verdicto: Mi mujer a lo mucho se quedó un poco intrigada, pero de ninguna manera se puso a tono con esto.

 

3 - Juguetes sexuales

Volviendo a Cincuenta sombras más oscuras, hay una escena en la que Christian le mete unas bolas chinas a Ana antes de ir una fiesta organizada por sus padres.

Le pregunté a mi mujer si quería llevar un vibrador puesto el día que iba a conocer a mis padres en un VIPS y me dijo que me fuera al diablo.

Verdicto: Esto la puso, sí, pero de muy mal humor.

En conclusión, solo una de las tres tácticas medio funcionó a la hora de alcanzar un objetivo concreto, y en realidad ni siquiera fue de la manera que pretendía. Si mi meta era que mi mujer me encontrara más atractivo, el experimento ha sido un fracaso absoluto. No, al parecer a mi mujer no le gusta hacerlo en un baño mientras mis padres esperan en la mesa preguntándose dónde estamos. La mirada penetrante le resultó muy molesta. Y en realidad creo que sigue sin entender qué pasó el día de la leche.

Supongo que no hay nada malo en ser un milmillonario rico, distante y un poco psicópata que usa su dinero para relacionarse con otras personas. Simplemente me imagino que si me comportara como él habitualmente, mi mujer me abandonaría y desde luego que no sería su culpa.

 

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Crédito de foto: Cortesía / Universal Pictures

 

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