¿Por qué no nos gustan las modelos ni las mujeres perfectas?

 
 

El manifiesto definitivo del hombre actual que deja claro nuestras debilidades. Aquí todo lo que siempre quisiste decir y no te atreviste.

Por: Christian Rodríguez @ChristianRoguez

Porque no es lo mismo asistir a un restaurante en el que sirven un jugoso bistec a la jardinera a las tres hierbas que darte el lujo de comer en tu fonda favorita rodeado de todos tus amigos. Este mismo ejemplo gastronómico podemos extrapolarlo a nuestra otra gran pasión: ellas. Y es que sí, todos hemos fantaseado con salir a pasear con Gisele Bundchen o alcanzar el mismísimo Santo Grial cuando conoces a Adriana Lima. Pero seamos honestos, ¿realmente es eso lo que más nos vuelve locos? Sabemos perfectamente que no.
Imagina por un momento salir a cenar con Miranda Kerr, ¿dónde la llevarías? Si nos paramos a pensar en presupuesto, menú con el que contentar a una top model y una carta vegana que se adapte a sus necesidades dietéticas, ¿qué nos queda para nosotros? Es por eso que de forma inconsciente buscamos en ellas el reflejo de lo que queremos en nuestro día a día, y lo sentimos, nada tienen que ver Bar Refaeli con la cotidianidad que te hace feliz. Y es que no duraríamos ni 15 minutos sentados observando la belleza esculpida a mano de Karlie Kloss o el rostro cincelado en el Olimpo de Irina Shayk, porque tanta perfección aburre de sobremanera. 

(Carmen Electra, el claro ejemplo de lo que no querríamos más de 15 minutos)

Y es que no todo lo que brilla es Pamela Anderson, ni todo lo que deseamos es unas curvas 90-60-90, ¡no!, nos negamos categóricamente. Lo que realmente nos vuelve locos es la naturalidad y el físico terrenal de las mujeres que consiguen hacer precisamente de tu fonda favorita el lugar con más clase y mejor ambiente al que hemos ido. En este punto radica precisamente lo difícil, porque implica factores externos a un escote o un vestido ceñido cual guante, algo que al final del día te cansarás de ver. Porque nunca te cansarás de observar a una divertida Emma Stone comiendo espagueti y embarrando su servilleta de tomate, o a una espontánea Rachel McAdams aventándose una hamburguesa que ni tú podrías. 

(El lujo que es poder ver a Kat Dennings en toalla no se compara con ninguna top model)

En serio, no intentamos convencerte de todo esto, porque ya tú mismo estás convencido. Después de todo, despertar al lado de Megan Fox seguro que no es para tanto, porque las ojeras y el mal genio no entiende de genes o físico despampanante.
Y ni hablar de dónde poder agarrar, el clásico argumento que derrumba cualquier manifiesto que defiende la belleza icónica de las súper modelos.
En serio, que nada de eso es para tanto.

Crédito de foto: Screen Gems

 

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