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Pyotr Smirnov: ¡Salud, camarada!

Pyotr Smirnov: ¡Salud, camarada!

El hombre que transformó la industria del vodka era un genio del marketing

Por: Guillermo Di Bella | Fecha: 16/02/12

 

Pyotr Smirnov fue un hombre adelantado a su época. Por ahí de 1860, dio a conocer su vodka de manera brillante. Buscó a 15 vagabundos, los llevó a su fábrica y les dio comida y vodka, colocó tres rublos frente a cada uno y les explicó su estrategia: debían visitar la mayor cantidad de bares en Moscú para exigir su marca, sabiendo que no la encontrarían.

"¿Por qué demonios no tienes vodka Smirnoff? ¡Es el mejor!", debían gritar, antes de abandonar el lugar, enfurecidos. Las ventas se dispararon y para 1886 tenía dos tercios del mercado de la ciudad.


Anécdotas así podemos encontrar en el libro El rey del vodka, la historia de Pyotr Smirnov y la caída de un imperio (Océano, 2011), de la periodista Linda Himelstein. Esquire habló con ella para conocer más de este personaje, de su marca y de cómo una bebida influyó de tal manera en el desarrollo de una nación.


Esquire: ¿Por qué elegiste a Pyotr Smirnov como protagonista de tu primer libro?
Linda Himelstein: Es extraño; no es un tema que me hubiera atraído normalmente. Soy estadounidense, no hablo ruso, nunca estudié la historia de esa nación y ¡no me gusta beber! (risas). Pero puedo reconocer una buena historia al instante.

Esq: ¿Cómo te enteraste de la existencia de los Smirnov?
LH: Me enfrenté por primera vez con esta historia cuando escribí un artículo que hablaba de cómo los descendientes de Pyotr, después de la caída del comunismo, demandaban al gobierno la devolución de sus marcas (el vodka fue nacionalizado en 1904). Mientras profundizaba en el relato de Smirnov, me quedó claro que su vida fue fascinante.

Esq: Vas más allá de una simple biografía.
LH:  Mi idea era escribir un libro no ficticio, que se leyera como ficción. Quería que los lectores vieran, sintieran y olieran lo que pasaba históricamente. Además, quería darle un sentido real a los tiempos en los que Smirnov vivió.

ESQ: ¿Con qué obstáculos te enfrentaste?
LH: El lenguaje y mi ubicación en Estados Unidos fueron la principal dificultad. La mayoría de los descendientes de Smirnov no estaban de acuerdo con mi proyecto, sentían que quería robarles su historia. Tienen esa desconfianza natural hacia Occidente.

Esq: ¿Los rusos también complicaron tu trabajo?
LH: Las condiciones de sus registros hicieron la tarea mucho más difícil. Los archivos imperiales en los que se encuentran los documentos de los zares, por ejemplo, estuvieron cerrados durante varios años. Esto complicó la recopilación de datos que necesitábamos. Tuvimos que visitar las bibliotecas muchas veces antes de encontrar algo de utilidad.

ESQ: ¿Qué representa este libro para ti?
LH: Es un enorme logro personal. Creo que no pude escoger una historia más difícil, pues la investigación fue extraordinariamente complicada. Podría decir que el
libro me hizo sentir, de alguna manera, como Pyotr Smirnov, como una empresaria cuando está lanzando su negocio.

ESQ: ¿Lo definirías como un libro inspirador?
LH: Desde luego. Espero que inspire a las personas a perseguir sus sueños. Estaba sorprendida cuando descubrí lo lejos que Smirnov había llegado, luego de estar en una posición muy baja dentro de la sociedad rusa. Era el desamparado por excelencia, sin educación, sin conexiones familiares, sin dinero. Y, aun así, logró construir uno de los negocios más importantes del siglo xix. Logró salir de su clase social y, cuando murió, se había convertido en un miembro de la nobleza. Esto es algo extraordinario, más aún para los tiempos en los que Smirnov vivió. La historia de este personaje debería motivar a cualquier empresario y a cualquier persona que tenga un sueño. Nada es imposible.


ESQ: ¿Y cómo está eso de que no te gusta beber?
HM: (Risas) Bebo muy poco y debo confesar que, de todos los tipos de alcohol, el vodka es mi favorito. Aunque también disfruto del vino.


ESQ: Entonces tendrás un coctel favorito?
HM: Por supuesto, el Lemon Drop. Un trago para mujeres, definitivamente. Con este libro también aprendí que no puedo tomar vodka al estilo ruso: frío y de golpe.