Mujeres del mundo: esto es lo que nos gusta en la cama

 
 

Muchos rumores apuntan a lugares inhóspitos e incómodos. Aquí contamos de una vez por todas los puntos que nos vuelven locos.

Por: Christian Rodríguez @ChristianRoguez

 

Si alguna chica ha llegado hasta esta nota, enhorabuena, es tu día de suerte. Esto es precisamente para ti. Porque estamos hartos de la creencia popular que abandera el cuerpo femenino como una máquina compleja y difícil de entender, ¿pero qué ocurre con nuestro cuerpo? Sí, también tenemos debilidades y puntos débiles, pero la verdad es que somos menos exigentes cuando de recibir placer se trata.
Para empezar, desvelaremos una zona erógena que se desarrolla en el sexo tántrico: el punto O. Lo encontramos en el coxis o hueso sacro, siendo éste el último eslabón de nuestra columna vertebral. Este punto está conectado directamente con el pene al mismo tiempo que se recubre de decenas de nervios. Tócalo, hazlo suavemente y sin pudor. Haz círculos suaves sobre él y espera la magia.
Asimismo, el punto R es algo a tener en cuenta en el lecho de amor. Se halla en el escroto y es el denominado rafe: fina costura de la piel que divide los testículos. ¿Cómo activarse? El sexo oral es el momento perfecto para descubrir cuánto puede dar de sí esta delgada línea. 

(Jessica Biel leyó esta nota)

Pero nuestro verdadero Disneyland del placer se encuentra ubicado entre dos populares zonas, el ano y el escroto: hablamos del santo perineo. Es una región pélvica de unos tres centímetros que se inflama levemente cuando se produce la erección y que se ha de estimular para conseguir un orgasmo deluxe. Aquí coexisten unos ocho músculos, y sí, es la zona residente del punto G masculino (cerca de la próstata). Tocarlo tiene su truco: un simple masaje con la yema de los dedos durante los preliminares o una caricia (si la postura sexual lo permite) hará que el clímax estalle literalmente.

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Como pueden ver, la fórmula del éxito sexual masculino no es tan complicada, sólo se han de seguir estos consejos, sumarle un champagne caro al encuentro y ¡et voilà! Eso sí, tarea pendiente para todos nosotros: reivindiar con más frecuencia nuestras preferencias y satisfacciones en la cama, porque si no lo hacemos nosotros mismos, ¿quién lo va a hacer?

Crédito de foto: United Artist

 

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