Montblanc: En defensa de la tradición

Montblanc: En defensa de la tradición

La casa relojera cumple con la promesa que hizo cuando tomó el control de la legendaria manufactura de Minerva.

Por: Manuel Martínez Torres / Villeret | Fecha: 18/10/12

 

Bartomeu Gomila ha llegado al cielo de los relojeros, y lo mejor es que sigue vivito y coleando. O al menos es el paraíso para los relojeros que, como este español treintañero nacido en Menorca, quieren seguir trabajando de la manera tradicional, haciendo la mayoría de los componentes de los movimientos a mano.

 

"Al hacer el reloj a mano, le transmites tus sensaciones para que puedan llegar a la persona que va a recibirlo", dice Bartomeu. "El reloj no es sólo un mecanismo que mide el tiempo, porque cuando se hace así, parte de tu corazón está ahí adentro. Para mí es muy importante que una persona lo guarde hasta que muera y luego pase a alguien más. El reloj no es un objeto inerte, sino que tiene algo vivo en su interior".

 

Cuando tenemos esta conversación, Bartomeu y yo estamos en un país, una región y un edificio donde sus palabras, que sonarían exageradas en casi cualquier otro lugar del mundo, son absolutamente normales. Porque aquí, en la Manufactura Montblanc, ubicada en Villeret, Suiza, el objetivo es precisamente conservar los principios de la relojería del pasado, al tiempo que se desarrollan nuevos movimientos para la famosa marca alemana. En 2007, el grupo Richemont, propietario de Montblanc, adquirió la Manufactura Minerva, que se había dedicado a la fabricación de relojes mecánicos sin interrupciones desde su fundación en 1858. Según la revista Europa Star, las filiales de Richemont presentaron a la junta directiva las razones por las que les gustaría trabajar con Minerva. Y ya sabemos quién ganó.

 

Minerva se convirtió en la Manufactura Montblanc y ambas firmas acordaron fundar el Instituto de Investigación en Alta Relojería, para ayudar "a garantizar un futuro seguro para la relojería tradicional", según Montblanc. La forma de lograrlo es mediante la captación de jóvenes relojeros, a quienes se les apoya con la formación y los recursos financieros necesarios para contribuir "a hacer realidad sus propios proyectos y consolidarse como los maestros artesanos" de las siguiente generaciones.

 

Bartomeu es la prueba viviente de que Montblanc habla en serio. En las instalaciones de la manufactura, este restaurador de piezas antiguas que tiene su propio negocio y una buena reputación en su tierra natal, creó el TimeWriter II Chronographe Bi-Fréquence 1000, un reloj extraordinario, capaz de medir la milésima de segundo.

 

Como su nombre lo indica, este cronógrafo forma parte del programa TimeWriter, en el que Montblanc financia los proyectos de creadores con ideas innovadoras que planeen establecerse como relojeros independientes. No sólo eso, sino que la compañía también pone a disposición del elegido la sabiduría de sus ingenieros, artesanos y diseñadores en Villeret, encabezados por el director técnico Demetrio Cabiddu, además de toda la tecnología que se ha desarrollado y usado entre estas paredes durante más de 150 años.

 

"Creamos este programa porque sentimos un compromiso hacia la industria relojera, luego de que nos convertimos en propietarios de uno de los talleres más antiguos, que ha contribuido al éxito de los relojes mecánicos en la actualidad", me dice un día después Lutz Bethge, ceo de Montblanc, en las oficinas centrales de la marca, en Hamburgo, Alemania. "Queremos contribuir desarrollando productos fuera de lo común e impulsando la innovación. Por eso tuvimos la idea de lanzar un TimeWriter cada dos años. Si eres un innovador en la industria que sea, vas a dejar tu marca en la historia".

 

"Trabajar aquí ha sido muy gratificante, he aprendido mucho de las diferentes visiones de la gente y esto enriquece mi experiencia final", dice Bartomeu, quien ha vivido un año y medio en Villeret, dedicado en cuerpo y alma al TimeWriter II. "Cuando estoy en mi taller de restauración, somos el reloj y yo. Aquí también somos el reloj y yo, pero hay un equipo detrás y, quieras o no, cuando encuentras un problema te sientas con todos, lo discutes y tomas una decisión. En estos tiempos en los que todo se trata de dinero y en los que nos regimos por las ganancias de unos cuantos, que una multinacional como Montblanc te dé el apoyo para poder desarrollar un proyecto así, me parece admirable. Es una oportunidad única, no en una vida, sino en cinco vidas".

 

El TimeWriter II fue la pieza estrella de Montblanc en el Salon International de la Haute Horlogerie de Ginebra y recibió excelentes comentarios de la prensa. Lo mismo ocurrió en 2010, cuando la marca presentó el TimeWriter I Metamorphosis, hecho en colaboracción con Johnny Girardin y Franck Orny . El Metamorphosis causó sensación por tratarse de un reloj cuya carátula cambia al activar una palanca mecánica: de ser un guardatiempos clásico con horas, minutos, segundos y fecha, se transforma en un cronógrafo.

 

De hecho, el Metamorphosis dejó muy alto el listón para su sucesor que, sin embargo, cumplió con las expectativas. Sobre todo porque Bartomeu y Montblanc lograron su nada fácil cometido -medir la milésima de segundo- siguiendo el camino de la relojería tradicional, como mandan los cánones de la manufactura donde el TimeWriter II vio la luz. Esto significa que el calibre manual MB TW 02 debe tener un volante para el cronógrafo que oscile a una frecuencia de 360 000 alternancias por hora, además de otro volante para el reloj que oscile a 18 000 alternancias por hora. Nótese la diferencia de ritmo entre los latidos de uno y otro.

 

"Cuando uno plantea una cosa nueva es muy fácil seguir los caminos de la alta tecnología, de los materiales nuevos, a lo mejor solucionar las cosas más fácilmente", dice el relojero español. "Pero cuando uno trabaja con Demetrio Cabiddu se aprende a decir: ?No, ésta es mi filosofía y voy a buscar el camino por aquí porque estoy seguro que lo voy a encontrar?. Y también se aprende a decir que en la relojería no está todo inventado".

 

"Con la experiencia que tenían aquí en Villeret con la medición de las centésimas de segundo, porque Minerva presentó en 1936 el primer reloj capaz de medir esa fracción de tiempo, sabían cuáles eran los puntos fuertes y débiles de lo que estábamos haciendo", agrega. "El método que seguimos para lograrlo nos dio varias cualidades, entre ellas que el cronógrafo tenga 45 minutos de reserva de marcha".

 

El encuentro con Bartomeu se lleva a cabo en el moderno penthouse con amplios ventanales de la Manufactura Monblanc, donde hay un pequeño museo dedicado a la historia de Minerva. En el extremo opuesto del salón hay unos libreros que contienen archivos antiguos de productos y clientes. El ambiente dentro y fuera del edificio es típicamente suizo: tranquilo, silencioso, ideal para un oficio que requiere de tanta paciencia y concentración como la relojería. El mismo Bartomeu transmite una calma casi monástica, y resulta difícil imaginarlo como un adolescente obsesionado por comprarse una motocicleta, por lo cual consiguió empleo en una joyería donde descubrió su vocación. "Al final me compré la moto y ligué mucho", dice riendo. "Soy una persona muy tozuda, lo reconozco; es uno de mis defectos, aunque a veces es cualidad".